domingo, 10 de julio de 2011

Un celular rosa, por favor.



Un día escuche a mi mamá mencionarme que la vida era muy extraña.

Jamás pensé que la vida fuera extraña, yo desde pequeño me había encontrado un día conmigo mismo mirando a un gato, siempre creí que los gatos eran fascinantes (hasta el día de hoy lo sigo pensando) ¿por qué con un gato logré encontrarme a mí mismo? Bueno a esa pregunta ah que agregarle el porque de un niño buscando la razón de la vida. Un niño jamás sabe lo que es la vida. Para él todo es parte de un completo enrollo de adultos: aburrido e incoloro. Un niño realmente jamás piensa en la vida como algo que se necesite vivir y mucho menos disfrutar, él tan sólo ve la vida como un momento, uno de esos momentos desagradables justo enfrente de un plato repleto de coliflor y/o verduras mal cocidas.

La vida para mí, desde pequeño fue eso: un momento. Un día en cambio miré un gato, ahí parado esperando que yo me acercará o me alejará, al menos e so creo yo, pues el gato no se movía, tan sólo me miraba con una intensidad asombrosa, fue justo en ese momento en que decidí dejar de ver la vida como el gato, como un espectador más y empezar a tomar partido de la vida misma.


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